Donde nacen las mejores ostras del mundo

Poitou-Charentes es el lugar donde nacen las mejores ostras del mundo. Por eso, en Consabormediterraneo.com, marca de La Jamonería de la Quinta, que cuenta con tienda online en ibericodirecto.com, te contamos acerca de este producto tan exquisito. Poitou-Charentes es una

por consabormediterraneo.com - Martes, 7 de Febrero, 2017 a las 21:02

Poitou-Charentes es el lugar donde nacen las mejores ostras del mundo. Por eso, en Consabormediterraneo.com, marca de La Jamonería de la Quinta, que cuenta con tienda online en ibericodirecto.com, te contamos acerca de este producto tan exquisito.

Poitou-Charentes es una de las zonas menos conocidas de la costa altántica francesa (se ubica justo en el centro-oeste), pero un auténtico paraíso gastronómico para los amantes de la buena mesa en general y del citado molusco en particular. Por algo estamos ante algunas de las mejores del mundo, al ser naturales cien por cien, más sabrosas que las comunes y necesitar nada menos que tres años para lucir su mejor cara, mucho más carnosa también que la mayoría. Y por algo también de aquí sale el 60% de la producción nacional. Lugar exacto: la cuenca Marennes-Oléron, entre la desembocadura de los ríos Charente y Garona.

Poiteau-Charentes era una región independiente hasta hace un año, cuando entró a formar parte de una nueva llamada Nueva Aquitania, resultado de la fusión de tres anteriores: Aquitania, Lemosín y la propia Poitou-Charentes. Cosas de los recortes burocráticos. Ahora ya sí, vamos con la primera advertencia culinaria: aquí las ostras se sirven con pan (de centeno, en muchos casos) y mantequilla. Como mucho, se añade una pizca de limón y otra de pimienta. Dicen los que saben que el sabor de estas ostras, de criadero, es mucho más intenso y menos yodado que las de mar. Se aclaran en claires, una especie de estanques de suelo arcilloso a escasa profundidad.

Cualquier restaurante de La Rochelle, la animada ciudad portuaria repleta de elegantes soportales, hermosísimas casonas con paredes de entramado y fachadas esculpidas en piedra, es buen sitio para degustarlas. No en vano, pese a que el cardenal Richeliu mandó arrasarla, la urbe sigue conservando parte de la riqueza que acumuló gracias al comercio de la sal y del vino en la época medieval. Ya puestos, sugerimos dar un paseo por los bulliciosos mercadillos callejeros y darse un buen atracón de ostras (y mejillones: otro de los platos locales) in situ.

Una idea aún mejor: acercarse a algún criadero y pedir una ración doble. Como ejemplo, está Chez Ré Ostréa, comandado por el ostricultor Didier Fournier en la Isla de Ré, uno de esos refugios más bohemios y chic de la costa francesa, lo que lo convierte en el objeto de deseo de celebrities, políticos e intelectuales. Sus callejuelas empedradas, sus cafés con encanto, sus playas salvajes, sus elegantes bistrós y sus muchas marismas son algunos de sus principales atractivos. Hay que recorrerlos, uno por uno, en bici. Y parar cuando uno quiera a hacer una foto a cualquiera de sus casas rematadas en azul, verde o, sobre todo, gris. Que por algo existe en Francia el «gris Isla de Ré».

De vuelta al universo gourmet, el paisaje de Poiteau-Charentes está salpicada por cada esquina. Y ya que estamos, lo suyo es probar uno local, como el Haut-Poitou Sauvignon Blanc. Por ejemplo. Aun así, la zona se caracteriza por la producción de cognac. De él llegó a decir el propio Víctor Hugo que era «verdadero néctar de los dioses». Sin embargo, la auténtica especialidad etílica de Poitou-Charentes es el Pineau, una mezcla entre mosto y aguardiente que se suele tomar como aperitivo. Su historia arranca en 1589, cuando un viticultor echa, por error, mosto en una barrica de cognac. Al probar el invento se da cuenta de que no está tan mal. Y desde entonces…

La ruta acaba en Rochefort, ciudad a 25 kilómetros al sur de La Rochelle rodeada de marismas y fuertes estratégicamente posicionados a lo largo del estuario que desemboca en el Atlántico. De ahí que su historia esté ligada a la de su puerto militar y a la Cordelería Real mandada construir por el mismísimo Luis XIV en 1666. Hoy, esta antigua fábrica de las cuerdas de los navíos de la Marina, conocida como el Versalles del Mar,alberga el Centro Internacional del Mar y una librería especializada en temas marítimos donde también se imparten talleres de nudos. Muy cerca están los antiguos astilleros donde se reconstruyó la réplica de la mítica fragata L’Hermione, conocida como el «buque negro» y que transportó al marqués de La Fayette hasta Estados Unidos para que se uniera a los independentistas norteamericanos a finales del siglo XVI.

Fuente: http://www.elmundo.es/viajes/europa/2017/02/06/588f71b5e2704e0f5f8b45e4.html

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